Un día se me ocurrió encontrar una sonrisa. Caminé desde Estación Central hasta Plaza Italia, recorrí el Parque Forestal y todo el Paseo Ahumada. Cuando regresé a casa me llevé una amarga sorpresa; me miré al espejo y me di cuenta que había perdido la mía. Ahora cada vez que camino por Santiago lo hago con la esperanza de que alguien me sonría, para así poder recuperar mi sonrisa perdida.
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